Un día, estaba yo, joven esposa, sentada en un sofá bebiendo té helado
con mi madre, mientras hablábamos sobre la vida, el matrimonio, las
responsabilidades y las obligaciones de la edad adulta, mi madre hizo
tintinear los cubitos de hielo en el vaso y me miró seriamente.

“No te olvides de tus amigas”, me advirtió, revolviendo las hojitas de te…

Se volverán importantes a medida que madures. No importa cuanto quieras
a tu marido y a tus hijos, siempre necesitarás a tus amigas. Recuerda salir
y hacer cosas con ellas. Y recuerda que no solamente tus amigas, sino
también tus hermanas, tus hijas y otros parientes. En algún momento necesitarás
de otras mujeres. Siempre las necesitarás…

Que extraño consejo, pensé. Acabo de casarme, de entrar en el mundo adulto,
ahora soy una mujer casada, no una niña que necesita amigas. Seguramente mi
marido y mi futura familia serán suficientes para darle sentido a mi vida… pensé.

No obstante, escuché a mi madre, me mantuve en contacto con ellas e hice cada
vez más amigas. Al pasar el tiempo me di cuenta que mi madre tenía razón.

A medida que el tiempo y la naturaleza producen sus cambios y misterios en
la mujer, las amigas se vuelven indispensables en la vida. Limpian el baño cuando
lo necesitas, cuidan a tus hijos y guardan tus secretos, te dan consejos, te sacan
de apuros, te ayudan a dejar las malas relaciones, harán una fiesta para tus hijos
cuando se casen o tengan un bebé, manejan en tormentas, nevadas o granizadas
o en la madrugada para ir a ayudarte y de igual manera para salir de viaje y divertirse.
Te escuchan cuando pierdes el trabajo o eres injustamente substituida. Una amiga te
escucha en el momento que tus hijos te rompen el corazón o los cuerpos y mentes de
tus padres fallan. Lloran contigo cuando muere alguien que amas. Te respaldan cuando
los hombres de tu vida te decepcionan. Te ayudan a juntar los pedazos cuando los
hombres empacan y se van y te acompañan en silencio cuando es necesario. Se alegran
con tu felicidad, están listas para destruir lo que te hace infeliz y si existe alguna injusticia
para contigo, sabes que están ahí, siempre apoyándote.

El tiempo pasa, la vida sucede, la distancia separa, los chicos crecen, el amor se derrite
y se evapora, los corazones se rompen, las carreras terminan, los trabajos vienen y van,
los padres mueren, los colegas olvidan los favores, y los hombres no llaman cuando
prometen; pero las amigas están ahí, no importa el tiempo ni la distancia entre ellas,
una amiga nunca está tan lejos que no la alcance tu necesidad.

Cuando tengas que caminar por ese valle solitario y debas hacerlo sola, tus amigas
estarán al borde, alentándote, rezando por ti, interviniendo y esperándote del otro lado.
A veces hasta romperán las reglas y caminarán contigo. O vendrán y te sacarán.

Las amigas son la bendición de la vida. El mundo no sería igual sin ellas, ni yo sería la misma. Cuando empezamos esta aventura llamada femineidad, no teníamos idea de las increíbles
alegrías y tristezas que nos esperaban; ni sabíamos cuanto íbamos a necesitarnos.
Todavía nos NECESITAMOS CADA DIA.

Me siento afortunada por considerarme una verdadera amiga y por tenerlas como un gran tesoro.

Enviado por Tania Campos

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